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Una princesa importante



Pelear desde el ego es la cuestión más extraña que se ha pensado en esta pequeña habitación. La rareza discute en la naturaleza conservada de sentirse importante. Una pequeña chica ha estado esperando a pesar de sus acuses mentales de fluir, se da cuenta de su falta de fuerza y recuerda nuevamente la situación que le avergüenza. En una noche de estómago revuelto apareció una estrellita brillante, un muchacho con ojos de fuego, un volcán. Princesa de brazos abiertos sonríe y conversa, es una linda compañera y se divierte olvidando su estómago entre el hedor de la nueva ebriedad. Es alagada, calificada y clasificada, esa noche ha sido toda ella princesa y se ha llevado el título inscrito como las verdades que hay entre las palabras. Había pensado ya en abrazar la noche con esos ojos, en derramarse transparente mientras aspira ese cuello. Sus planes incluían un pequeño detalle, ahora sabe que podría calificarse como un capricho, es más, lo acepta como tal y se arriesga a sentirse importante. Al terminar la noche, camina sola bajo el frío, la lluvia y sus ganas de ir sin afán contra los pies rápidos y temerosos. Toda ella corre hacia su hogar salvaje, con tanta dignidad como ganas de llorar por su estupidez. Alternar su necesidad física con sus pretensiones instintivas de ser ella misma es casi como esperar que el río llegue vacío al mar. Si supone sentirse mejor cuando se ha ido, no puede explicarse por qué al llegar se sienta en el piso y llora en tragos hipados con su cabeza sobre las rodillas. Un llanto frágil, unas ganas de escucharse sin hacerse muecas y querer correr por ahí con la falda arriba como si el alma no supiera de quiénes y cómo. Entonces lo recuerda, es solo una princesa importante y dormir el pensamiento sobre el ego es lo mejor que pudo hacer aquella noche.

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