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Son las palabras

Empieza en sus labios la rica y húmeda sensación de extrañeza que pareciera atraparme, lo veo pasar como un clandestino que configura los espacios de acuerdo a sus sentidos, vivos, humeantes y hambrientos, tanto o más de palabras como de luces que encandecen.

La música y las ideas, los pequeños instantes en que me dice algo de verdad importante y parece olvidarlo cuando sonríe, como si no removiera un montón de lógicas absurdas que se disputan en mi cabeza eso del criterio y el instinto. Yo sigo en silencio, murmuro palabras sin sentido contra la manga de mi saco y luego nada, nunca puedo decir nada.

Las palabras, lo que digo, eso que puedo articular de acuerdo a algo más palpitante que mi propia razón y mi acorbardada voluntad. Y entonces empiezo a sentirme tan asustada, ya no sé si realmente en esos brazos estaba abrazada de una manera violenta o acogedora. Y así mismo, mientras perdía la noción de todas las cosas con las que yo tenía una relación en la que pudiera reconocer la realidad de ese concepto, fuí perdiendo el propio conocimiento y ahora estoy inmóvil, alarmada... expuesta.


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