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Entradas

Una pequeña persona

Soy una persona pequeña. Esa particularidad me ha obligado a mirar por encima de mi cuerpo para buscar en los ojos de las otras personas. También me permite encontrar lugares secretos como rincones y esquinas en los que logro entrar con facilidad. Por eso fui buena para jugar a las escondidas cuando era una niña (todavía lo soy). Llena de curiosidad estaba constantemente cultivando la flexibilidad de mi cuerpo.    Recuerdo específicamente que me gustaba jugar Botetarro . Nuestra versión consistía en patear una botella de plástico lo más lejos posible y correr a esconderse, mientras la niña que quedaba iba a recuperar la botella y se devolvía de espaldas hasta el lugar inicial. Luego, ella dejaba la botella en este lugar y buscaba a los demás para volver a tocarla mientras gritaba el nombre de la persona que había encontrado. Lo más emocionante para mí era que teníamos la posibilidad de correr y de llegar antes que esa persona para patear la botella. Esto hacía que el jueg...

Somos seres incoherentes: vivimos con la certeza y sin la consciencia del efímero momento de nuestra existencia.

Mariana nos pregunta por la in/coherencia en nuestro proceso de vivir amigablemente con el planeta, y yo al fin comprendo que trabajar cocinando animales para que otros consuman, mientras no estoy de acuerdo con tener que obligar a otros seres a una vida y a una muerte miserables para alimentarnos, no tiene tanto sentido. Pienso en esa frase que dice algo como que si estás cansado aprende a descansar y no a renunciar. Creo que así siento mi decisión de ser vegana mientras cocino muertos para que otros los compren. Como un alivio. Como empezar por donde realmente puedo hacer algo: en mi estilo de vida, en la forma en la que desempeño mi trabajo. Si renuncio a cocinar no va a pasar nada en el restaurante ni en el mundo (a menos que logre inmediatamente pensar en una forma de impactar desde afuera y que llegue tan lejos), pero con mi trabajo y mi forma de ver nuestra relación con el planeta estoy haciendo un esfuerzo por reducir el impacto, al menos en este momento. Puede que s...

Exoesqueleto

Creo que ha muerto toda mi piel por más que me miro no me reconozco: ya no tengo el color ni la textura ni la miel, me he enroscado en un abrazo sin fondo me he abierto hacia el vacío de imagen hacia el abismo del ser. Aún me cuesta soltar esta última capa siento la carga de años en ella  -su encanto su canto- como si allí entre todas las heridas siguiera escrito el mapa y yo perdiera el rumbo por no estar al tanto, por decidir no estarlo. Saber de la mutación me saca del juego me mantiene en un letargo sin ritmos. En un proceso de construcción del ego contra la corriente de antiguos miedos y mecanismos. Finalmente la nueva cara llega luego y ese yo de siempre en el que no existimos alimenta al espíritu consumiéndose en el fuego. Y queda la muda abierta al mundo.

Barriga llena corazón contento

Tengo al amor atrapado en la barriga puedo sentirlo en formas que no se escriben: su revoloteo cuando alguien ha perdido la esperanza, su palpitar cuando alguien se besa o me besa a mí, su bailoteo en la amarga tibieza de la entraña cansada; su crepitar ante la violencia, ante el engaño, ante la incapacidad de mirar al otro. No seré quién sabe del amor pero soy su refugio y eso es lo que hay. Soy un baúl de magia antigua y quiero devolverla al mundo, porque ya su ausencia me ha partido el alma.

Telar

En la incertidumbre del saberse errante: viajero de preguntas coleccionista de posibilidades malabarista de respuestas aniquilador de certezas; está el vaivén de cada paso. El abanico del mundo abierto ante mis pies se cierra ¡clap! No hay otra opción que poner una cerca, porque mientras la energía se expande el cuerpo experimenta una pequeña porción -dentro del todo-. Los límites susurran sus nombres circundan los titubeos se cansan de ser pisoteados y hamacan sus fronteras en un florecer de consciencia. Los surcos se llenan de agua y sube la vida, porque lo que entra está sincronizado con lo que soy ahora mismo me devuelvo el poder de construirme. Comienza la energía a desplazarse y me consumo en el quéhacer, una a una las piezas se han ido juntando pero las pequeñas esquirlas siguen buscando desesperadamente, entonces lo entiendo: se juntan mientras escribo.

A solas con vos

Te veo en la ventana del más atrás Con tus labios llenitos de palabras Y la cabeza dando vueltas en los ojos Mientras deseabas mi cuerpo Y yo tus ideas. Estos días quisiera escribirte, Acariciar mi ego con tu respuesta Bailar con el ritmo de tus sueños Para sentir que tengo algo interesante qué decir Alguien inalcanzable a quién hablarle. Ser un escritor por ósmosis O un soñador de mundos posibles entre los fluidos Aunque nuestros encuentros me rompieron en pedazos Tus canciones saben todavía a abrazos amargos. He leído un poco de todo eso que te trajo hasta a mí y las melodías me envuelven en un atardecer en Medellín. Ya no estoy allá y tú nunca estarás aquí, Es un juego con el viento para inspirar mis ansiedades Y recordarles que vos podés cantar precisamente por esa soledad que te inunda. No he sentido cómo muere la vieja sabia Porque los insectos han dejado su rastro por toda la habitación Y yo ya sabía que no podía curarme Ya estaba dispuesta a dolerm...

Se me rompió una aguja

Hace un tiempo comencé a bordar. Fui a una clase con una gran amiga, en la que nos encontramos a través del trabajo paciente de comprender unas puntadas básicas y colorear un mandala, entregando allí el pensamiento. Ese día fue hermoso, me conecté y salí contenta con mi kit para bordar mandalas. Terminé ese y se lo pegué a un morral que luzco orgullosa. Luego dibujé otro y comencé con las puntadas aprendidas, pero quería más, algo más complejo que ya estuviese diseñado para esas formas que se repetían y me nublaban el disfrute. Eso se convirtió en un bloqueo, como siempre que uno cree que necesita un conocimiento antes de. Meses después vino una amiga que no veía hacía rato, la vi al llegar y luego no salieron las cosas, yo estaba en casa, intentando verme a mí misma, buscando un silencio que se reía a carcajadas. Entonces volví a mirar aquel segundo mandala, y vi que podía terminarlo con lo que sabía y hasta podía intentar unas letras con las puntadas que había visto en inter...